El síndrome de la felicidad aplazada.


"En la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad". Gandhi

Vivimos en un mundo que gira a gran velocidad,  nuestro día a día está lleno de múltiples tareas que realizamos a toda máquina. Nuestras obligaciones no nos dejan descansar, y para atenderlas, tendemos a aplazar lo que de verdad importa o nos apetece hacer.
El miedo constante que nos desata el temor a no llegar a los objetivos, a no dar la talla, a equivocarnos, ha llegado hasta un límite en que se ha convertido en una enfermedad denominada “Síndrome de la felicidad aplazada”, afectando hasta un 40 % de los profesionales de países desarrollados como Australia, según un estudio de Hamilton, C. (“Carpe diem?, The Deferred Happiness Syndrome”.)


¿Pospones el ocio por tu trabajo? ¿Sacrificas tus horas de descanso o sueño? ¿Disminuyes el tiempo que deberías de dedicar a tu familia? ¿Buscas una vida con demasiadas comodidades lo que te obliga a trabajar horas y horas? ¿Sientes la necesidad de ahorrar y ahorrar para el futuro? ¿Tienes miedo a cambiar de trabajo aunque en el que tienes soportas altos niveles de estrés? ¿Te sientes culpable si haces lo que deseas por miedo a sacrificar tu futuro?
Las consecuencias de este síndrome son muchas y ninguna positiva.
El problema es que sacrificamos nuestro presente para mejorar nuestro futuro pensando que en el futuro todo será mejor y seremos más felices. Esto es una falacia, puesto que el futuro nunca llega, es incierto, lo único cierto y que existe es el presente, y no debemos sacrificarlo. Nuestra forma de actuar será igual en el futuro si no la cambiamos y esto llevará como consecuencia, una ausencia de felicidad, un futuro feliz que nunca alcanzamos. Acabo perdiendo mi calidad de vida, sacrificando mi bienestar diario.
Cada segundo que pasa en nuestra vida es efímero. ¿Nos hemos parado a pensar cómo queremos pasar nuestro tiempo realmente?
Hemos de ser conscientes que el tiempo nunca vuelve atrás y que el día de mañana, nos arrepentiremos de haber sacrificado tanto por nuestro miedo. Miedo a la incertidumbre del futuro que nos obliga a aferrarnos a lo que tenemos aunque no sea lo que deseamos tener.
Se trata de un gran sacrificio, puesto que lo que hoy pierdo, nunca podré recuperarlo.
Es increíble que en nuestra sociedad, la sociedad de la información, donde se han creado todo tipo de herramientas para facilitar el día a día, tenemos la sensación más que nunca de no tener tiempo suficiente para hacer todo lo que tenemos (o creemos que tenemos) que hacer.
Elisabeth Kubler- Ross, médico que trabajó con enfermos terminales durante más de 40 años escribió que las personas nos lamentamos de dos cosas antes de morir: de no habernos reconciliado con alguien y de no habernos atrevido a hacer más cosas.

Si no tuviéramos miedo nos involucraríamos en muchas más cosas y mucho más satisfactorias.

“Generalmente encontramos petróleo en lugares nuevos con ideas viejas. A veces, también encontramos petróleo en lugares viejos con ideas nuevas. Pero raramente encontramos petróleo en lugares viejos con ideas viejas. En el pasado creímos que se nos acababa el petróleo… cuando en realidad lo que se nos acababan eran las ideas. “

Parke Atherton Dickey, profesor de la Universidad  de Tulsa, Oklahoma

El Movimiento Slow ha aparecido como alternativa a esta forma desenfrenada de vivir la vida. Pretende que cada persona viva de una forma más relajada, siendo consciente de su propia vida. Intentar relajarnos para disfrutar de un presente que dejamos sepultado por el futuro.
Este movimiento es una corriente cultural extendida en gran parte del mundo, que promueve desacelerar las actividades humanas. El objetivo es cambiar el ritmo vertiginoso con que muchas personas encaran su vida cotidiana y tomar conciencia acerca de los daños que provoca la aceleración en el ser humano.
Además de este movimiento hay otro tema que surge con fuerza y que puede ayudarnos en la lucha contra este síndrome, la ansiada productividad.
La productividad entendida como la capacidad de aplicar un conjunto de hábitos positivos que nos permiten sacar lo mejor de nuestra vida y de nosotros mismos.
La productividad nos va a ayudar a sacar el máximo partido a nuestro tiempo, nos va a permitir plantearnos a qué quiero dedicar realmente mi tiempo, y a asumir hábitos saludables para aprovecharlo.
Lo indispensable para llegar a la productividad es en primer lugar definir nuestras necesidades reales, nuestros objetivos y nuestras prioridades. Estructurar nuestro tiempo será complicado pero no hay nada que no pueda conseguirse con constancia y esfuerzo. La formación del hábito facilitará el trabajo y las consecuencias serán tan positivas que ni nos acordaremos del esfuerzo realizado.
Como conclusión a estos temas que podríamos ampliar mucho más (consultar en fuentes lecturas y autores que pueden aportarnos mucho sobre los mismos), diremos que es importante no aplazar nuestros deseos, nuestra felicidad. Nos dejamos llevar por la rapidez de la vida, merece la pena sentarse a pensar qué queremos, qué tenemos y por qué hacemos lo que hacemos. Sólo de esa forma conseguiremos no aplazar nuestra felicidad y lo que de verdad deseamos.

Fuentes recomendadas:

Pilar Jericó. No miedo en la empresa y en la vida.

Alberto Pena. Gestiona mejor tu vida.

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Acerca de Laura Mateo Catalan

Community Manager de Campus y Empresa. Psicóloga y Social Media Manager. Gestión de Redes Sociales para empresas. Bloguera y gestora de contenidos.
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